3 de octubre de 2009

¿Qué más queda cuando uno hizo lo (im)posible y aún así las cosas no salen bien?
Es esa la sensación amarga que me queda, no lloro por pena, no lloro por ti ni por mí ni por lo que fuimos y ya no seremos, las lágrimas que caen son de frustración, de haberlo dado todo y que eso haya quedado en nada, de saber que ya no depende de mi, y aunque hubiera esperado que no se acabaran aquí los paseos bajo la lluvia, las películas no vistas, los mc flurry, las siestas no dormidas y todo lo demás, también pienso que fue lo mejor, porque a pesar de quererte, me quiero mucho más a mí.
Ahora me siento tranquila, ya no tengo que hacer malabares para afirmar un puente que colgaba del otro lado. Ya no vivo con miedo de que todo se derrumbara. Solté mi lado y no quisiste o no pudiste sostenerlo.

Todo lo que queda es cerrar los ojos, respirar profundo, tragar saliva, apretar la guata, hacer de tripas corazón, enrrollar los dedos de los pies, dar un paso a lado y seguir.

Una vez más...