Julio Cortazar / Una Flor Amarilla
Tú que te crees tan libre, tan independiente, tan desenvuelto y emancipado, que vas de aquí para allá sin preocuparte por nada, exonerado de dar explicaciones, que dices lo que quieres sin tampujos ni filtros, que corres y saltas, y te lanzas y vuelas, y das vueltas y te deslizas, que piensas y escribes lo que te place, que no te amarras ni te comprometes más que contigo mismo, más que con tu anhelada < libertad > , tu que no t
Irónicamente, eres el más triste esclavo de ti mismo, de tu pasado, de lo que decidiste como destino, de la soledad. Vives atado a tus miedos, encadenado al recelo y a la desconfianza, pero lo disfrazas, lo ocultas y buscas convencerte de que eso es <libertad>.
Estás inmovilizado, engrillado al tabaco, a las drogas, al alcohol, al sexo, a los más viles excesos.
Cada vez que logras zafarte de tus ataduras, que por fin eres <libre>, que empiezas a sentir, a entregar, retornas amedrentado a tu trinchera de la más agobiante miseria, la que tildas con tanto orgullo de <independencia>.
Me das risa y pena, paradójicamente eres el más desventurado siervo de tu <libertad>.
