Una vez más recorro este lugar que me es tan ajeno, pero que es tan mio a la vez,
mio, porque he caminado este sendero tantas veces, tantas mañanas, tantos atardeceres, tantas noches, sola, acompañada, sola otra vez, sintiendo tantas emociones, pensando tantas cosas, en tantos hombres, recordando tantos momentos, imaginando tantas situaciones, pero esta tarde mientras el sol se sumerge en el mar, solo pienso en lo único que tengo, en mi misma.
Hoy solo soy yo.
Hoy solo son mis pies y la sensación de la arena húmeda acariciándolos.
Hoy solo son mis talones y mis rodillas que ya se acostumbraron a las frias arremetidas de las olas.
Hoy solo soy yo y mis caderas que son principio y soporte.
Hoy solo soy yo y la región de mi vientre y la capital de mi ombligo.
Hoy solo soy yo y la delicadeza de mi cintura.
Hoy solo soy yo y el abismo entre mis pechos, sublimes, hedonistas y empinados.
Hoy solo soy yo y mis brazos y mis manos y mis uñas rojo pasión.
Hoy solo soy yo y el sendero de mi cuello.
Hoy solo soy yo y mi espalda infinita.
Hoy solo soy yo y mi boca fruta madura, dulce bermellón.
Hoy solo soy yo y mi nariz, pequeña y fina, invadida de pecas que le dan a mi rostro ese aire infantil e inocente.
Hoy solo soy yo y mis ojos, profundos, intensos, vehementes, que irradian vida.
Hoy solo soy yo y mi pelo, que cae como lluvia sobre mis hombros, y mi espalda, que se iza al compás de la brisa marina, que captura los rayos del sol.
Hoy solo soy yo y la arena.
Hoy solo soy yo y el sol.
Hoy solo soy yo y el viento.
Hoy solo soy yo y las olas.
Hoy solo soy yo y la sal.
Hoy solo soy yo...