Esta es la última vez que pienso en ti, que te nombro, que siento algo, esta es la última vez antes de sacarte de mi vida para siempre, de dejarte ir, de dejarme ir, de liberarme de todo lo que implica tu presencia, de las lágrimas, del odio, del rencor, del amor que un día te tuve. Ya no quiero cargar conmigo los miedos que dejaste, las marcas y cicatricez, hoy te elimino de mi presente, no me interesa ser la ex buena onda, ni saber cómo estás, ni contarte como estoy, ni que me atormentes haciendome recordar lo felices que fuimos. Porque fuimos, las cosas ya pasaron, el daño ya se hizo, ya lloré lo suficiente, ya me cuestioné todo lo que viví. Ahora necesito continuar mirando al futuro, sin que tu presencia me haga aislarme del mundo, me impida querer y que me quieran, me paralice de miedo.
Ya no estás aquí. Y no seré yo la que te traiga de vuelta.
Se acaba ese afán autodestructivo de invocarte, de recordarte, de traerte de vuelta en los momentos en que me sentía capaz de volver a empezar, de amar a otro.
Hoy se acaba todo con esta especie de ceremonia expiatoria.
Hoy lo tengo a él, que llena mi vida de sonrisas y colores, que hace florecer sensaciones dulces, que se merece lo mejor de mi, y eso estoy dispuesta a dar, porque no quiero perderlo por temores ni fantasmas del pasado.
Es justo para mi y para él.
Es la única manera de hacer que te vayas antes de empezar a amar a otro hombre, la única manera de que pases al otro lado de la puerta y nos dejes a los dos solos en la pieza.
Y no parar de viajar del invierno al verano, de Madrid a New York, del abrazo al olvido, dejarte entre tinieblas escuchando un ruido de tacones lejanos...