6 de junio de 2009

Siempre he odiado a esa gente extremista, que opta por una posición y se sesga, que es incapaz de analizar críticamente, que pierde todo tipo de racionalidad y sobretodo que se vuelve intolerante con los que no se sienten partícipes de su opción...por eso no me gusta la política, la religión y odio a los periodistas, porque pretenden crear dogmas con verdades que no son absolutas más que para los que comparten esa ideología. Aristóteles decía que la perfección está en el punto medio...siempre he tratado de vivir así, he hecho de la empatía y de la tolerancia una forma de vivir, siempre he tratado de mirar las cosas desde varias perspectivas para poder tomar así las mejores decisiones...por eso la Biqui me dice que debería ser mediadora...quizás nací para ser Jueza de Paz, o algo por el estilo...
Odio irme a los extremos, y eso es lo que me está pasando ahora. De un terror que me paralizaba, de estar metida en una trinchera con armadura y un arsenal de armas para que nadie me hiriera pasé a ser vulnerable, a querer sin límites, a no medir los riesgos de lo que estoy viviendo. Así, hice precisamente lo que mi padre me advierte no hacer (enamorate con la cabeza, no con el corazón), y tiré toda la carne a la parrilla, all in, sin dudas, sin preguntas, sin cuestionamientos, así sin más. Pero pequeñas actitudes que pueden parecerte insignificantes para mi son grandes gestos que reviven viejos temores, que remueven entre los escombros cosas que me parece que ya viví, que abren viejas heridas que pensaba cicatrizadas, que hacen que me sienta una ilusa con ganas de salir corriendo antes que sea demasiado tarde.
Solo quiero pedirte una cosa, y creo que me lo merezco...
No hagas que vuelva a atrás.