Ya conocemos el prólogo de esta escena,
cómo has estado, qué ha sido de tu vida, y tu familia,
con una cortés frialdad y una correcta distancia
Rehuyendo las miradas, las palabras, el contacto del ayer
cuando ese protocolo era en vano
Y las preguntas y las risas fluían serenas llenando los eternos momentos
en que respirábamos apacibles el mismo aire,
Y mis manos recorrían tu piel que era mía,
y las tuyas se adentraban en la profundidad de mis cabellos que eran tuyos.
Esa indulgencia infinita que era el epílogo que venía a enaltecer
Nuestra obra maestra que éramos nosotros mismos
envueltos en una tormenta de besos,
en una tempestad de caricias, en un huracán de pasión,
Que era lo preliminar entonces.