17 de enero de 2009

Mujeres

Hace casi un año conocí a la Elsa, una mujer morena, algo robusta, de ojos que emanaban cansancio pero a la vez dulzura, con manos que dejaban en evidencia que trabajaba arduamente, las arrugas que surcaban sus facciones estaban llenas de historias de tristeza, dificultad, pobreza, discriminación, injusticia. Una tarde conversando me contó que su marido la había dejado, que ahora estaba sola con sus 3 hijos, que pasaban hambre, la desesperación y la angustia invadían cada una de sus palabras. Lloró. Hablamos mucho rato, no te eches a morir, lucha por salir adelante, por tí, por tus hijos, no necesitas al lado a un hombre que solo te trae problemas, que te maltrata, que se embriaga, que no aporta, que los somete. Intentaba darle fuerzas, pero mi voz se quebraba, sentía rabia, impotencia, al pensar cuántas mujeres viven esto cada día. Nos despedimos con un abrazo y un "gracias tía" lleno de admiración, de respeto.
Hoy, la Elsa es la dirigenta del comité del Ochagavía 2, la presidenta de la directiva que se creó en el campamento para que 50 familias obtengan por fin su vivienda definitiva, y junto con eso dignidad, respeto, confianza en ellos mismos, en lo que son capaces de lograr, además trabaja todas las noches en una empresa de subcontratación haciendo aseo en oficinas, con eso saca adelante a sus hijos. Como ella, hay muchas mujeres que luchan contra viento y marea, por surgir, por que sus hijos tengan las oportunidades que ellas no tuvieron, por tener una vida digna. Mujeres así se han ganado todo mi respeto, mi cariño y mi admiración.