Hoy renuncio a todas esas sensaciones obtusas e inútiles que me he encargado de arrastrar por mucho tiempo. Miedo, inseguridad, desconfianza. Hoy abandono la trinchera de palabras incisivas, de afilada frialdad, de áspera indiferencia en que se amparaba con autocomplacencia mi cobardía. Hoy guardo en un cajón la fantasía de que "alguien llegará a salvarme", porque por fin entendí que la única persona capaz de redimir mi corazón blindado soy yo misma. Hoy he decidido vivir, sentir, confiar, amar y si es necesario llorar. No tengo absolutamente nada que perder. De hecho, ya he perdido demasiado. Desde hoy arriesgo todo.
Te quiero.